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Crítico invitado de la fecha: Bubbleboy.

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Primero y principal: ¡gracias Richard por cederme este espacio para expresarme! Aquí dejo mis reflexiones sobre la aclamadísima ganadora del Oscar, Slumdog Millonaire.

slumdog millionaire1 Mi crítica: Slumdog Millonaire

“Slumdog Millionaire” es…
A: Un canto a la vida y al amor, lo mejor de 2008
B: Una película digna de sábado a la noche
C: Una película fácilmente olvidable
D: Un insulto más al estereotipo de la pobreza

No se puede negar que la propuesta es arriesgada. Visualmente potente y de relato consistente, Slumdog Millionare lo tiene todo para ser la película perfecta… según la idiosincrasia hollywoodense, claro.

Vayamos por partes. Algo que elogiar al máximo: Danny Boyle ha planteado una historia de amor, repleta de momentos situados en los tristes arrabales del subdesarrollo, con la enorme cintura de contarla de en tiempo y forma, caer parado y despacharse con un insólito musical.

Efectivamente, el guión -- basado en una novela de Vikas Swarup- cumple con todos los giros previsibles de una estructura clásica de película para llenar salas. El amor imposible, el deseo inalcanzable, la desestimación al dinero, el valor por el esfuerzo: ese sabor agridulce y mentiroso que nos promete que con sudor y lágrimas, todo es posible.

Ahora bien. ¿Es posible que un niño sumido en la pobreza salte a millonario? ¿Es posible que Jamal supiera todas las respuestas a las preguntas del programa televisivo? ¿Es posible un film que toma como protagonista a un niño de los suburbios de Mumbai, que vive en la miseria más extrema del planeta, resulte tan poco conmovedora? Desde el momento en que “Slumdog…” se presenta en clave de drama ficcional, sí. Desde mi credibilidad, definitivamente no.

Demasiado cuento de hadas para comprometerse a nivel social, la película tiene la habilidad de sumergirse desde Occidente en una de las culturas más particulares del mundo, pero de manera extremadamente superficial y carente de interés por sus calles y vidas. Mumbai es un escenario que sin dudas impacta desde lo visual. Pero me ha dejado la sensación de haber visto de nuevo la brillante “Ciudad de Dios”, con tres cucharadas de edulcorante y un relato perfectamente ridículo. Resta el trago de saber que de darse en Mumbai, Rio de Janeiro, Asunción o Johannesburgo hubiera sido exactamente lo mismo.

Y es que la película está finamente calculada. Ese esquema del Hollywood clásico de amores románticos inverosímiles, de extrema crueldad con trasfondo optimista, relatos del don nadie que un día alcanza la gloria, se justifica plenamente y vuelve a hacerse vigente. La cultura del estereotipo se regocija al identificar una vez más a ese Otro oriental que nos produce una mezcla de compasión y tristeza, pero ensalza nuestra grandeza capitalista. Como si fuera poco, y para contentar hasta al último espectador, la historia nos deja la mentirosa conclusión de que después de todo -con sudor y lágrimas- un niño desnutrido puede salir en la tele, volverse millonario, enamorarse y ser feliz por el resto de su vida. Sobre el musical del final prefiero no emitir comentarios. Saquen sus propias conclusiones.

Nada mejor que una patética historia de pobreza superada para alegrar nuestros corazones, comernos nuestro balde de popcorn, vestirnos de smoking y galardonar a este film plagado de clichés y giros ridículos; pero eso sí, con un fuerte compromiso social.

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